Documentalias

Revista Digital- Nº 12 – Jueves 23 de Febrero de 2012, Culiacán, Sinaloa, México.

La cuaresma de los Sinaloenses
(481 celebraciones desde el Río de la Sal, Piaxtla. 1531)

Gilberto J. López Alanís

La cuaresma o cuarentena en sentido literal es la representación de 40 jornadas, las cuales tienen mucho que ver con los calendarios solares y lunares de la antigüedad; en el caso de las celebraciones católicas, estas han sustituido las expresiones de los cultos paganos, los cuales tenían que ver con los cambios climáticos y sus efectos en la agricultura, la pesca y la recolección.
La cuaresma católica se inicia con el miércoles de ceniza, la cual tiene el antecedente de 40 jornadas desde la navidad, luego después de la cuaresma llega la pascua, con sus 40 días, para después tener la ascensión el 1° de Mayo, que se empata con la celebración social del día del trabajo, día de los mártires de Chicago. Toda esta numeralia es para ejemplificar que la cuaresma católica, es una fiesta con antecedentes paganos.
Mientras tanto, después de las fiestas de carnaval, que tienen principal expresión en Mazatlán, Guamúchil y Mocorito, hay que asistir a la iglesia de nuestra predilección, para “tomar ceniza” de manos del sacerdote, que nos pondrá una cruz en la frente para ufanos mostrar ante los nuestros y los extraños, que somos cumplidos con nuestras obligaciones católicas.
No olvidemos que la cuaresma es la representación de la victoria sobre las tentaciones que sufrió vivamente Jesucristo ante los ofrecimientos del demonio, que quiso vencerlo a través de los halagos y los placeres, por ello es tiempo de recogimiento y reflexión, aparte de fortalecimiento espiritual.

                                                                                                                          

¿Desde cuando se celebra la cuaresma en Sinaloa? Semejante pregunta puede responderse, sabiendo que la primera celebración de Navidad en la región, fue documentada en el año de 1531, porque así lo anotaron los escribanos que recogieron los testimonios del Juicio de Residencia que le levantó la Corona Española a Nuño Beltrán de Guzmán, por su comportamiento arbitrario y el celo despertado por la cuantía de los ingresos reales, aparte por el proceso, tormento y muerte al dirigente indígena Cazonzi, último Gran Señor de los Tarascos, en 1530, lo cual se documentó como una evidencia.
Así que derivada de aquella inicial y además violenta Navidad, la primera Cuaresma fue la del año de 1531, precisamente en los pueblos del río de la Sal que hoy llamamos Piaxtla.

                                                                                                             

Esta afirmación se deriva de la escritura testimonial que produjo el sevillano Gonzalo López, acompañante de Nuño Beltrán de Guzmán en su incursión por tierras de Sinaloa, ratificado ante el licenciado Maldonado oidor de su Majestad en 1532.
Antes de seguir con este tema cuaresmal de carácter histórico, es preciso anotar que Gonzalo López, llegó al continente con Pánfilo de Narváez, y participó en la conquista de México-Tenochitlán; compró y vendió esclavos en la metrópoli de la Nueva España; tuvo encomiendas, fue Alcalde Mayor en la ciudad de México, acompañó al virrey Antonio de Mendoza en algunos recorridos y representó a los encomenderos ante los Reinos de Castilla, cuando la Real Corona promulgó las nuevas leyes que afectaban a los encomenderos del virreinato.
Se le atribuye también, una información sobre las supuestas amazonas en el río Ciguatan, muy cerca del actual Culiacán, donde mujeres aprovechaban a los hombres solamente con afanes reproductivos, no dándoles participación en la conducción política de sus comunidades.
“Nuño de Guzmán otorgó permiso a Gonzalo López, su maestre de campo, para explorar esa región; éste, con el permiso de ellas, entró con su tropa en el pueblo donde vivían, llamado Çiguatán o Ciguatlam, vocablo que quiere decir “Pueblo de Mujeres”. Ellas “diéronles muy bien de comer e todo lo nescesario de lo que tenían. Aquella república es de mill casas y muy bien ordenada; e súpose, dellas mismas, que los mancebos de la comarca vienen de su cibdad cuatro meses del año a dormir con ellas, e aquel tiempo se casan con ellos de prestado e no por más tiempo, sin ocuparse en más de las servir e contentar en lo que ellas les mandan que hagan de día en el pueblo o en el campo. […] E cumplido el tiempo que es dicho, ellos todos se van a sus tierras […]. Y si quedan esas mujeres preñadas, después que han parido, envían los hijos a sus padres para que los críen […]; e si paren hijas, retiénenlas consigo, e críanlas para aumentación de su república”. (mediaisla.net)

                                                                                                             

El testimonial de Gonzalo López, para el juicio de residencia a Nuño Beltrán de Guzmán, está lleno de sugerentes temas culturales, al relatar el recorrido de invasión y conquista en Sinaloa, ahí se afirma que “…Lope de Samaniego con su compañía… dio con un río grande, el cual está muy poblado en gran manera, al cual llamamos río de la Sal…fuimos por el río arriba en guía del alférez Oñate, y llegamos a dormir a una estancia no grande; otro día fuimos por río arriba, dos leguas; salidos dél sobre la mano izquierda, dimos en un pueblo grande donde dormimos aquella noche; oro día salimos de allí y pasamos dos o tres pueblezuelos y fuimos a dormir en unas estancias donde tuvimos el día de carnestolendas; otro día llegaron dos de a caballo, de Cristóbal de Oñate, que enviaba a llamar al capitán general, los cuales seguimos, fuimos a tomar ceniza a un bonito pueblo, aunque ya estaba quemado, que lo habían quemado los indios amigos que con Cristóbal de Oñate habían hido; aquí murió un español; salidos de allí otro día fuimos a dormir a un pueblo grande que se dice Bayla..” (Gonzalo López, 1532; 1963:92-93).
Fue entre el río de la Sal de Piaxtla y Bayla, cuando se celebró la primera cuaresma en la provincia de Culiacán, en el año de 1531, con los rudimentos de una fe de invasión y conquista, cultivada desde España, Cuba y la ciudad de México, en los acompañantes de Nuño, la cual fue secundada por uno o dos frailes franciscanos que lo acompañaban.
Tiene importancia lo anterior, porque las celebraciones católicas en nuestra entidad se iniciaron en un contexto de violencia que marcó desde entonces una religiosidad de cierto tipo, la cual difiere de las practicada en el centro del país.
Al respecto religiosidad tradicional del sinaloense está marcada en la diferencia de la relación con la divinidad entre hombres y mujeres. Los primeros, al asistir a las conmemoraciones religiosas en los templos católicos por lo general no penetran en los santos recintos en forma plena; por lo regular se asoma, hace corrillos, discute, bromea y pacientemente espera a que la conyuge o la novia salga para iniciar otras actividades.
El sinaloense varón, íntimamente no tiene cultura de altar o reclinatorio, en cambio excede en la de atrio, que pudiera ser la del ágora; le gusta el mitote, es decir la charla. Contrasta esto con las actitudes de las mujeres en el mismo sentido; ellas son más de interior, de confesionario, altar y púlpito.
Ya más en nuestro tiempo, la Cuaresma es una jornada de cierta austeridad, propicia al consumo de mariscos y pescados; la famosa capirotada y las sabrosas torrejas. Con esto ya estamos saliendo del torrente del carnaval con sus excesos, donde los placeres de la carne tuvieron sus sanas y abundantes expresiones.
Después vendrá la Semana Santa en Sinaloa, con su extraña combinación de paganismo y religiosidad.
En fin que hay la llevamos de cuarentena en cuarentena, rezando y pecando, para después redimirnos en la confesión, la penitencia y la toma del santo cuerpo de Cristo en la hostia, aunque no tengamos acceso a la sangre en el vino, ya que esto es privativo del padre oficiante del sagrado misterio.
Imaginemos la enorme dificultad para oficiar misa en el noroeste mexicano en los primeros años de conquista, ante la carencia de pan de trigo y vino, que en esencia representa el cuerpo y la sangre de Cristo en los primeros años de conquista y evangelización. Fue en el seno de las misiones jesuitas, a partir de 1591, cuando se empezó a cultivar la viña y la siembra del trigo en escalas consumibles y de transformación de la dieta del morador original de estas latitudes.
Así que 481 años tienen los habitantes de la jurisdicción de Culiacán de celebrar la cuaresma, lo que no es poca cosa, y si esto no es tradición, no se en que consistirá esta forma cultural de expresar la filiación del arcángel San Miguel que con su espada flamígera quisiera arrojar la maldad que recorre nuestras calles, la cual deja una ola de tristeza, rencor y luto en muchos hogares.
Sirva esta cuaresma para disfrutar las bendiciones del hogar; las satisfacciones de la laboriosidad honesta de hombres y mujeres que fincan en su esfuerzo, un futuro que merece mejores frutos.