Documentalias

Revista Digital- Nº 29 – Jueves 19 de Julio de 2012, Culiacán, Sinaloa, México

Miguel Mathes salió de viaje…

 

Queridos Amigos,

La velita se va apagando, pero su antorcha seguirá encendida.

Clínicamente está en buenas manos y el resto en las de Dios.

Sigamos orando por él.

Carmen 

 

Gilberto J. López Alanís

El 13 de agosto de este año recibí, como todos los que apreciamos a Miguel, un segundo correo de la mutua amiga Carmen Boone, donde nos comunicó tan triste noticia.

William Michael Mathes, su nombre de pila, fue un apasionado de la historia del sudoeste de California y el noroeste de México, sus aportaciones fueron notables y por ello recibió la Orden del Águila Azteca, la más alta condecoración que otorga el Gobierno Mexicano a un extranjero.

 

Lo conocí en el año de 1991, en las conmemoraciones de los 400 años del arribo de los sacerdotes jesuitas Gonzalo de Tapia y Martín Pérez a la villa de San Felipe  y Santiago de Sinaloa, que dio pie al “Coloquio de la Presencia Jesuita en Sinaloa”, con sede en la ciudad de Sinaloa de Leyva, en la administración del Lic. Francisco Labastida Ochoa, y la Dra. María Teresa Uriarte, como Directora del entonces DIFOCUR, hoy Instituto Sinaloense de Cultura.

 

Ahí constaté su generosidad y sencillez para discutir los temas jesuíticos de Sinaloa y conocer sus amplios conocimientos al respecto. Fue un maestro del tema para todos nosotros.

Su relación con Sinaloa se acrecentó con los seminarios de jesuitas promovidos por el Colegio de Sinaloa, en los cuales siempre manifestó su carisma y conocimientos.

El intercambio de bibliografía siempre fue a nuestro favor, todos ganábamos y Enero fue una alegría de cada año. Salíamos a los recorridos visitando la ruta de los jesuitas disfrutando su animada charla y algunas Pacífiquitos que tanto le gustaban.

 

Aficionado a los mariscos sinaloenses, los disfrutó, aderezados con chile piquín, que tanto le aliviaban la costipación de la sinusitis que sufría. Fue un historiador y bibliófilo, que primero fue explorador; caminar, ver, disfrutar la cocina regional, charlar horas y horas sobre los jesuitas y otros temas de la historia mexicana fueron sus más alegres momentos entre nosotros.

“Te lo encargo, es mi amigo y gran compañero de discusiones sobre la historia del noroeste”, me dijo la Sra. Labastida cuando me comisionó para atenderlo, en el marco de la edición del Festival Cultural de Sinaloa del año de 1991.

 

Hice lo pertinente y gané un amigo, por cierto de esa conmemoración se publicó un libro denominado “Presencia Jesuita en el Noroeste”, que es el origen de estos esfuerzos historiográficos que hoy han fructificado.

Miguel es una de nuestras fortalezas del tema jesuítico y su ejemplo nos alienta a sostener el paso, para con nuestras contribuciones honrar su memoria.