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Revista Digital- Nº 7 – Jueves 19 de Enero de 2012, Culiacán, Sinaloa. México.

 
Nuño Beltran

Nuño Beltran

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 La homofobia y la crueldad en la formación cultural

del Noroccidente Mexicano.

“Las apariencias engañan”

Refrán  

Gilberto J. López Alanís

Hoy que lo tradicionalmente prohibido aparece como normal, nos sorprende la naturalidad con que un hombre de empresas imperiales españolas del siglo XVI, relata de manera directa como enfrentó una situación inédita para sus acciones de formación del espacio del noroeste mexicano.

En efecto, Nuño Beltrán de Guzmán, Presidente que fue de la primera Real Audiencia de México, nada menos que el representante jurídico del Imperio Español; al incursionar por tierras de los teules chichimecas, al occidente de la capital del virreinato de la Nueva España en el año de 1529, que a la postre resultaría en la fundación de villas en su largo recorrido hasta el San Miguel de Culiacán en 1531, topó con un aguerrido hombre vestido de mujer, que lo impactó por su valentía y virilidad al enfrentarse cuerpo a cuerpo con soldados y nativos invasores.
Nuño inició su recorrido ya en desgracia, y con un juicio de residencia a cuestas, dejó testimonio  en su carta dirigida a la Sacra, Católica y Cesárea Magestad en 1530. Ahí anotó parte de sus acciones, todas llenas de extrema violencia y crueldad.

El texto que a continuación seleccionamos y que sirve a nuestro propósito, se encuentra en un libro existente en los repositorios del Archivo Histórico General del Estado de Sinaloa.

Nuño incluyó un pasaje relativo a enfrentamientos con nativos michoacanos en el siguiente tono: “…y estuvieron más de dos horas peleando, que nunca los pudieron romper, defendiendo la entrada con sus arcos y flechas y espadas y palos, á  los ballesteros; al fin les entraron, y hirieron al capitán Vázquez de tres flechazos que el uno fué malo y al licenciado Diego Núñez, que es médico y cirujano de este ejército, y á otros compañeros; mataron los más de ellos, y los otros se echaron a nado, de donde no dejaban de flechar, con tanto esfuerzo y ánimo, como si fueran españoles; y toparon de la otra parte al capitán Verdugo, que yo había mandado quedar hasta que el campo pasase, que los acabó, y trajo mucha gente de hombres y mujeres y niños; entre esta gente que en esta isleta se defendió, peleó un hombre en ábito de mujer, tan bien y tan animosamente, que fué el postrero que se tomó, de que todos estaban admirados de ver tanto corazón y esfuerzo en una muger, porque se pensaba que así lo era por el ábito que traía, y después de tomado, bióse ser hombre, y queriendo saber la cavsa porque traía el ábito de muger, confesó que desde chequito lo havía acostumbrado y ganava su vida con los hombres al oficio, por donde mandé que fuese quemado y así lo fué; bolbí al real y trabajé por hacer benir los señores principales…” (Crónicas de la Conquista del Reino de la Nueva Galicia en el territorio de la Nueva España. INAH-Jalisco. 1963:35).  

Nuno Beltran Guzman

Después de tan singular relato, resulta difícil juzgar las acciones de los actores de aquella historia; el contexto de la empresa guzmaniana es de extrema violencia, se jugaba la vida y la  muerte y más si la iglesia católica de ese tiempo veía en el pecado nefando, la presencia de seres para ellos diabólicos, que debían ser eliminados a toda costa.

Además, el ánimo de Nuño estaba perturbado, por el pronto arribo de su acérrimo enemigo Hernán Cortes, que venía envestido de nuevas prendas de Marqués para el valle de Antequera en Oaxaca y, con el título de Capitán General para nuevas empresas de conquista. 

Sin embargo, quemar a un ser humano, que defendió con honor reconocido su causa, fue faltar a los códigos elementales de la guerra que se estaba librando, más en esos tiempos donde el “otro” fue visto por el europeo desde el punto de vista utilitario.
Parece por el texto, que la saña de Nuño sobre el guerrero del hábito, se debió más a la condición homosexual del natural michoacano, que a su extraordinaria disposición para la lucha.         

¿Podemos llamarlo homofóbico, desde nuestra perspectiva y tiempo? Me parece que sí, porque la violencia exhibida en ese hombre con apariencia de mujer, completa la insensibilidad extrema a que se había llegado. La exacerbada condición de la crueldad que Nuño exhibió desde que se adentró en el espacio noroccidental fue notoria; quemó pueblos, arrancó brazos, cortó piernas y narices como castigo, aperreó a los nativos y martirizó a los caciques, además de marcar como esclavos a un sinnúmero de naturales.      

Nuño Beltrán, versado en leyes, no pudo sustraerse a su condición cultural ni a su circunstancia de invasor, que lo convirtieron en el primer promotor homofóbico del noroccidente mexicano.

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