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Revista Digital- Nº 27 – Jueves 5 de Julio de 2012, Culiacán, Sinaloa, México

Peregrinar a los Santuarios Sinaloenses

Gilberto J. López Alanís

Peregrinar para solicitar un milagro, pagar una manda por el favor recibido o andar en procesión para celebrar alguno de los rituales  religiosos, es y fue disciplina de muchos pueblos.

 La peregrinación como expresión colectiva e individual, está documentada en Sinaloa desde los primeros tiempos de la presencia jesuita, en el siglo XVI. Sin embargo, ¿peregrinaban los pueblos prehispánicos de origen mayo y yaqui?

 La respuesta es que si; originalmente somos un pueblo peregrino y el documento de “La tira de la peregrinación”, en el cual nos señalan un lugar y un grupo humano generando una deidad, nos remite al sentido que estamos comentando.

 Hay que señalar que al peregrinar se sale de una situación y se coloca el peregrino ante otra mejor. La liturgia católica es generosa con esta acepción, al atribuirle resultados espirituales de consideración. “Es buscar la razón de la propia vida o bien un retorno a su fuente, que las diversas culturas de los pueblos han puesto en el centro de la tierra o en un lugar escondido, remoto, elevado o misterioso”. Y todavía más: “Peregrinar es desligarse de las ataduras, dejar lo caduco, alejarse de cuanto parece estorbar y volver al punto de partida; buscar lo que eleva y trasciende”. (Parra Sánchez, 1996)

 Así que peregrinar en los espacios de la naturaleza sinaloense de carácter prehispánico, fue buscar la renovación de la vida; viajar  al encuentro del ideal puro de la cultura nativa, así, se juntaban en grandes grupos para la recolección de la pitahaya, en celebración festiva, invocando a una deidad con forma humana, a la cual ofrecían ofrendas. Aparte, los niños recibían por tradición oral conocimientos sobre su cultura. Era una especie de carnaval, anotaron los padres jesuitas.

 El tema ha sido escasamente asumido por los historiadores locales, aunque no soslayado por investigadores de la cultura de otros tiempos y nacionalidades.

 Ya Martín Pérez, en sus primeros escritos sobre la Provincia de Nuestra Señora de Cinaloa, apuntó lo siguiente:

 “El Domingo de Ramos, me hallé en Ocoroni, pueblo de muchas palmas. Bendijeles hartas cargas de ellas que trajeron y cada uno llevó su palma para guardarla. Díjeles lo que significaba la ceremonia, y lo que había pasado aquel día, y al tiempo de la procesión comenzaron a tender mantas en el suelo y no me dejaron poner un pie en él en toda ella. Después fui a la villa adonde estaba el padre Tapia ofreciéronse los de ella y de otras partes, en particular algunos individuos de Culiacán que habían venido por acá a tener las pascuas con algunos cantores con los cuales se celebró el Oficio dela SemanaSantay Pascua como mejor pudimos con su monumento. El Jueves Santo hubo su Pasión en la cual se llevó un Cristo grande que movió a mucha devoción a los indios. Acabadala Pasiónles dio gana de azotarse a algunos maestros de ellos y también hicieron su procesión aunque pequeña si hubiera recaudo fueran muchos más…Predicóselesla Pasiónen su lengua y declarándoseles los misterios en ese santo tiempo” (Annua de 1594)             

 Así que peregrinar o andar en procesión, es también acudir al templo o santuario, y es una tradición cultural que se mantiene en los pueblos sinaloenses.

 ¿Donde? ¿Con que objeto? Empezaré informando que en el año de 1994 se editó el libro “La Ruta de los Santuarios en México”, con un prólogo de don Andrés Henestrosa, donde abunda con sabias palabras sobre los templos y los santuarios, con un epígrafe lleno de fe:

 

¡Adiós Cristo milagroso!

¡Adiós brillante lucero!

¡Adiós santuario dichoso,

Hasta el año venidero!        

 

 Templo de Nuestra Señora del Rosario, Guasave .

El contenido del libro recorre los Santuarios de México, y en lo que respecta a Sinaloa, me tocó colaborar  reseñando el Santuario de Nuestra Señora del Rosario, de Guasave, anotando que su festividad  inicia el primer domingo de octubre y dura varios días, con peregrinos de toda la geografía sinaloense, nacionales y del extranjero, principalmente de las costas californianas. Aparte de incluir el origen de la imagen de bulto, adorada.

   

Imagen de Nuestra Señora del Rosario de Guasave

Luego comenté lo referente al templo de San Miguel Zapotitlán en el municipio de Ahome, levantado en honor de la Virgen de Santa Loreto, San Juanito y el Arcángel San Miguel, aderezado con una leyenda de origen mayo y algo del ritual.

Me ubiqué después en Tacuichamona, originalísimo pueblo de origen prehispánico de traza circular, con su festividad que data desde 1656, esta se inicia el martes de carnaval con Las Tenanchis; se organiza procesión del aprendimiento de Jesús y termina con una gran fiesta.      

Reseñé, en esa edición la fiesta de la Virgen de la Candelaria en el pueblo de Quilá, de la cual se cuenta que fue traída por misioneros franciscanos en 1685, primero bajo la advocación de la Virgen de Loreto y hoy de la Candelaria.    

  

Virgen de la Candelaria en Quilá

Estos son los templos más tradicionales de Sinaloa, aunque en la actualidad otros han adquirido esta categoría, como el de la Virgen de Guadalupe en La Lomita en la ciudad de Culiacán.

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